La posible renuncia de la legisladora provincial Myriam Martínez a la vicepresidencia del Partido Justicialista expuso con crudeza una interna atravesada por la falta de diálogo y el deterioro en la conducción partidaria, un escenario que se arrastra desde hace meses y que hoy la lleva a considerar su salida como una decisión casi tomada.
La vicepresidenta del Partido Justicialista fueguino, Myriam Martínez confirmó: “Es un tema que lo vengo evaluando hace tiempo”, afirmó, al dejar en claro que no se trata de una reacción coyuntural sino de un proceso sostenido. En ese marco, fue más directa al definir su postura: “Entiendo que tengo que renunciar a la vicepresidencia del partido justicialista”, sostuvo, aunque aclaró que aún mantiene conversaciones con su sector político antes de formalizar la decisión.
El eje central del conflicto está puesto en la falta de comunicación con la conducción. “No tengo diálogo prácticamente con el presidente del partido”, señaló, y ubicó el quiebre hacia fines del año pasado, cuando comenzaron a evidenciarse diferencias en el ámbito legislativo que, lejos de resolverse, derivaron en un distanciamiento total.
Para Martínez, esa ausencia de diálogo no es un dato menor ni una cuestión secundaria, sino un límite político concreto. “Vos tenés que tener diálogo, si no tenés diálogo con tu vicepresidente, no sé qué tipo de construcción partidaria podés hacer”, advirtió, al cuestionar el funcionamiento interno del PJ y la imposibilidad de sostener una conducción sin intercambio político.
En ese sentido, vinculó la situación con una falta de respeto institucional hacia su rol. “Lo tomo como una falta de respeto a lo que represento dentro del partido justicialista, a mi militancia, a mi trayectoria”, afirmó, al recordar que no solo ocupa la vicepresidencia sino que representa a un sector con integración en los órganos partidarios.
La dirigente también cuestionó las formas en las que se gestiona el vínculo interno. “El teléfono no da para que estemos hablando por mensajes de WhatsApp”, sostuvo, al remarcar que existen temas que requieren instancias de diálogo político real y no intercambios informales. “Hay cuestiones que uno tiene que tener el tiempo para poder charlarlas personalmente”, agregó.
Sin embargo, el conflicto no se limita a una cuestión de formas. Martínez planteó que existen diferencias políticas de fondo que no lograron encauzarse justamente por la falta de diálogo. Como ejemplo, mencionó el acuerdo político que el justicialismo había construido con otros espacios para garantizar gobernabilidad. “Por diferencias que se podrían haber salvado con diálogo, no se pudo”, señaló, marcando el impacto concreto de esa ausencia de interlocución.
En esa línea, apuntó también a la lógica interna de la dirigencia. “Hay muchos dentro de la política que tienen un ego muy grande, entonces se prioriza el ego en vez de trabajar para traer soluciones”, afirmó, en una crítica directa a las prioridades que —según su mirada— hoy predominan dentro del espacio.
Martínez encuadró el conflicto en un contexto más amplio, atravesado por una situación económica compleja y un escenario político que, según describió, exige mayor responsabilidad de la dirigencia. “Es un momento donde nos tenemos que ayudar”, sostuvo, al advertir que la falta de articulación interna debilita la capacidad de respuesta frente a los problemas de la sociedad.
En ese marco, también cuestionó la ausencia de posicionamientos claros por parte del partido en distintos temas relevantes. “Han sucedido muchas cuestiones en este tiempo donde el partido justicialista tendría que haber tomado algún tipo de postura y no lo ha hecho”, remarcó, al señalar una falta de conducción política.
A pesar de la dureza de sus definiciones, la legisladora no cerró completamente la puerta a una posible recomposición. “Yo no me niego al diálogo”, aseguró, y planteó que esa sigue siendo la única herramienta válida para reconstruir acuerdos. “He aprendido que la única manera es el diálogo y los consensos”, agregó, apoyándose en su trayectoria dentro de la política.
No obstante, dejó en claro que la evaluación de su renuncia es concreta y responde a una disconformidad profunda con la forma en que se está conduciendo el partido. “Estoy evaluando seriamente porque no comparto las maneras”, sostuvo, reforzando la idea de que el problema no es solo coyuntural sino estructural.
En ese recorrido, también apeló a su experiencia política para marcar diferencias. Recordó que atravesó distintos contextos complejos, desde gestiones provinciales hasta situaciones críticas como la pandemia, donde —según planteó— la prioridad siempre fue la construcción colectiva. “Siempre traté de construir, de ser un puente”, afirmó.
Finalmente, sintetizó el conflicto en un concepto que atraviesa todas sus definiciones: la falta de diálogo como límite político. “Está faltando diálogo”, reiteró, dejando en claro que su continuidad dentro de la conducción del Partido Justicialista depende, en última instancia, de que se revierta esa dinámica.
Con ese escenario abierto, la posible renuncia no solo impacta en la estructura partidaria, sino que deja expuesta una interna que, lejos de resolverse, podría profundizarse si no se logra reconstruir el diálogo que hoy aparece completamente quebrado.